Cuando llegan visitas a una casa, los anfitriones tratan, por lo general, de recibirlas de un modo amable, con el hogar aseado, se emplea la mejor vajilla y se ofrece el manjar más rico. Algo parecido sucede cuando se quiere impulsar el turismo. En ese caso, se suele mirar hacia adentro para elegir las joyas que se quieren mostrar. Muchas sociedades han hecho del turismo una industria, que les reditúa grandes ingresos económicos. La actividad turística generalmente se realiza con fines de ocio, aunque también existe -según las distintas clasificaciones- el turismo de negocios, rural, religioso, científico, cultural, agrícola y de aventuras. No todas las provincias -para circunscribirnos a nuestro país- pueden abarcar tantas facetas.
El circuito religioso es prácticamente inexistente como tal en nuestra provincia. Hay sitios con historia que merecen ser difundidos, incluso entre los mismos tucumanos. A fines de julio, en Trancas, suele tener lugar la fiesta en honor de San Francisco Solano (1549-1610). Un sitio con historia. Hasta allí llegó el santo violinista. En 1589, el rey Felipe II pidió a los franciscanos que enviaran misioneros a Sudamérica. Francisco fue el elegido para la misión de extender la religión en estas tierras. En el lugar, conocido por Pozo del Pescado, hay una pequeña capilla y a pocos metros, rodeado de chañares, brota el famoso manantial que el fraile franciscano, de acuerdo con la tradición, hizo surgir de la tierra con sólo hundir su bastón. Desde entonces, la fuente nunca se ha secado. También los moradores dicen que sus aguas son curativas.
Otro lugar de significación es el santuario de La Reducción, ubicado sobre la ruta provincial 301, que resguarda una pequeña imagen de la Virgen del Valle que se le apareció a un lugareño mudo el 26 de noviembre de 1923. Se le atribuye el milagro de haber protegido y salvado los cultivos de una fuerte tormenta. Cerca de Lules, también se hallan las Ruinas de San José, monumento histórico nacional. También se halla el no menos trascendente históricamente santuario de La Merced que alberga la imagen de María, patrona de la ciudad desde 1687. Su devoción creció luego de que en 1812 el general Manuel Belgrano puso el Ejército del Norte bajo su protección. El día de La Merced, precisamente, Belgrano obtuvo su decisivo triunfo en Tucumán.
Estos lugares, así como la más reciente Gruta de Lourdes, en San Pedro de Colalao, y otros lugares con valor religioso e histórico podrían formar parte de un circuito para quienes se interesan por la espiritualidad desde este punto de vista, como lo han hecho otras provincias. Para ello, se debería dotar a esos lugares de interior de la provincia de una infraestructura adecuada, que contemple servicios básicos, como el traslado, un bar, baños o de atracciones como espectáculos de luz y sonido, o eventualmente recitales.
La Iglesia Católica local ha comenzado ha trabajar en la llamada pastoral del turismo. Su referente dijo que "el objetivo es ayudar a la gente a pensar que el turismo puede ir más allá de lo lúdico. A que pueda hacer de las vacaciones un tiempo para el encuentro consigo mismo".
Sería interesante si el Estado y la Iglesia trabajaran coordinadamente en este sentido. En otras oportunidades hemos señalado que Tucumán no es sólo lindos paisajes. Es hora de explotar turísticamente su rico pasado histórico, religioso y su cultura en una forma dinámica y creativa. De ese modo, las visitas añorarán regresar a nuestro hogar.